Luisa, Paquito y yo


Hay personas imborrables, cuyo recuerdo vence al olvido y pervive en el tiempo.

Este 12 de junio se celebró el aniversario luctuoso de Salvador Díaz Mirón y enterarme de la efeméride me llevó a viajar en el tiempo.

A una mañana en la que los alumnos de la hoy desaparecida primaria Francisco J. Mújica estuvimos reunidos en la plaza cívica y una compañera declamó “¡Mamá soy Paquito!”.

Hasta hoy, acordarme de este poema trae inevitablemente a mi memoria a Luisa y su potente y emotiva voz. Y recordar a Luisa revive en mí la tragedia infantil de Paquito recreada por ella en una mañana de mi niñez.

Luisa y Paquito cohabitan en un rincón de mi mente donde reposan esos momentos de la vida que entraron al baúl de los tesoros para nunca marcharse.

Por obra de Luisa, yo lloré en esa mañana junto a Paquito tirado sobre la tumba de su madre y prometiendo: “¡Ya no haré más travesuras!”.

Ese es el poder de la voz de un declamador nato, hacer vivir en tí las emociones que lanza con las palabras al aire.

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