Calixto


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Esta es la historia -ficticia o no- de un Papa que nació en Tracia, de donde fue arrancado siendo adolescente;  fue vendido como esclavo a un senador en Roma, donde  en total tuvo tres dueños, defendió ferréamente su fe orfista, vio morir a la que consideraba su hermana, Flavia, devorada por las fieras del circo romano porque se negó a renegar de su fe cristiana; despertó pasiones en dos mujeres, aunque solo deseó a una de ellas, y escapó de morir a manos del emperador Comodo, aquel a quien conoció el día que llegó a la capital del imperio romano pero otro día escupió al creerlo un simple atleta que osó tratarlo como objeto sexual.

Gracias a la ayuda de la amante del Emperador, huyó con una fortuna -robada a su segundo amo- a Alejandría, Egipto, donde descubrió a los filósofos griegos y se convirtió al cristianismo y tiró a un lago la fortuna ajena que le quedaba.

Pese a que su cabeza tenía precio, regresó a Roma para llevar un mensaje al entonces Papa. Fue traicionado, capturado y condenado -por el delito de fraude-  a trabajar por el resto de su vida en una isla, donde salvó a un sacerdote cristiano que más tarde sería Papa y lo haría su brazo derecho.

Ocupando el lugar de un cristiano muerto en la isla, logró salir de ésta y se convirtió en sacerdote de un pueblo, donde la favorita de Comodo se refugió tras el asesinato de éste y juntos vivieron un amor “prohibido” que acabó cuando él renunció a ella por presiones de los jerarcas de la entonces naciente iglesia cristiana en Roma.

De regreso de nuevo en Roma, como brazo derecho del nuevo Papa, ganó adeptos pero también la suspicacia de otros sacerdotes, sobre todo de Hipólito, aquel al que conoció a su llegada al Imperio y ante el cual defendió su fe orfista.

Ya  Papa generó polémica al declarar válidos, ante la fe cristiana, los matrimonios de personas de diferente condición social, fomentó el primer cementerio de los cristianos  y se enfrentó a la división de la iglesia que propició Hipólito con su conservadurismo apegado a las prohibiciones de la ley romana, y murió anciano.

CAlixto, un hombre empático con los esclavos como él y una “alumna”, Flavia, que fue abandonada por su padre a la muerte de su madre, se enamoró de él y murió por su fe.

Un hombre bello que generó pasiones en dos mujeres, aunque sólo deseó a una de ellas: la Amazona, la favorita del Emperador, a la que conoció una noche que la pareja fue agasajada con un banquete por el segundo amo que él tuvo como esclavo.

Un hombre talentoso para multiplicar el dinero pero que al final decidió multiplicar el número de creyentes en Cristo

Pese a todo ello, un hombre que se dice es un Papa olvidado

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Dos noches bastaron para sumergirme en esta historia de Calixto en el Imperio Romano y salir satisfecha de la placentera lectura, gracias a la pluma de Gilbert Sinué

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