El cartero me trajo una carta


Este martes 24 recibí en mis manos -no en la bandeja de entrada de gmail- una carta en un sobre, algo inaúdito en esta era del Internet en el que los mensajes llegan en segundos.

Un cartero trajo hasta mi casa un delicioso edificio de palabras que un amigo comstruyó pensando en mí.

Leerla fue revivir el placer de antaño cuando nos carteabamos y reíamos con lo que compartíamos de nuestras vidas.

Leerla fue imaginar que reviviré ese ritual de ir a la oficina de Correos, hacer fila para comprar sellos postales, pegarlos con saliva en mi carta y depositar mis palabras en un buzón para alguien las lleve a esas manos que las esperan. Y luego esperar días y días para recibir la respuesta.

Saber que alguien piensa en uno y se toma el tiempo de escribir en papel y llevarlo al Correo es saberse vivo.

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