Pareja rota


Sentir en carne propia el abandono de la persona que amas.

Llegar al epílogo del libro de dos vidas que se cruzaron y  decidieron recorrer juntas un mismo sendero.

Dicen que todo lo que comienza acaba. Un día nos gustamos. Otro día  a uno de los dos ya no le gustó empezar y terminar un día, y otro y otro, juntos en una misma casa.

Muchos siguen viviendo juntos, aunque sea a disgusto.

Otros, no sé cuántos,  prefieren vivir el apocalipsis de su vida compartida. Los momentos juntos, las risas, lágrimas, gritos, abrazos, planes, ilusiones… son ahora nada.

Uno se ha ido. Otro se ha quedado.

Irse es renunciar a la esperanza de que vendrán tiempos mejores para ambos? O irse es tener el valor y la audacia de tirar todo por la borda y comenzar de nuevo?

Una pareja rota.

Nuestro año familiar ha comenzado con una pareja rota. Ello me pone a pensar qué se siente irse y dejar al otro. Y  también qué se siente quedarse mirando al otro que se aleja, que se va, extendiendo las alas a un futuro incierto.

Dos vidas que se rozaron ahora se separan.

Ignoro si el caudal del río de mi vida en algún momento se bifurcará y entonces me veré en una de dos orillas. La del que se queda ¿abandonada? O la del que se va esperando hallar mayor felicidad.

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