¿Eres feliz?


¿Eres feliz?

Inesperadamente recibí esta pregunta el día que cumplí un año más de vida.

Me mente estalló en ideas contradictorias sin que la balanza se inclinara al sí o al no.

Es un ejercicio mental desgastante  el sumergirse en uno mismo para responderme “Sí soy feliz”  o “No soy feliz”.

Es un ejercicio revitalizante el explorar en los momentos que he vivido … y estoy viviendo.

Yo suelo decirme soy feliz. Quizá algunas veces no es más que un autoengaño en momentos en que afronto algún estrés, alguna crisis pasajera o de fondo.

Yo me digo soy feliz. Comparo mi vida con los que tienen más dificultades que afrontar y me siento afortunada.

¿Eres feliz?

Interrogante que llegó al fondo de mi mente y corazón y agitó violentamente un torbellino de ideas y emociones.

Y es que ese día festejaba mis 38 años. Pisaba el umbral de lo que ahora vivo como mi año 39, antesala para que me diga ya señora de las cuatro décadas como me bromea mi primogénito.

En mi mente le grité que nooooo a quien me hizo salvaje pregunta, y sin que mis labios pronunciaran sonido alguno enumeré todas las razones para tremenda respuesta.

Me asustó que mi ser vibrara y gritara en silencio tremenda respuesta y quise llorar en mi día feliz.

Luego mi ánimo se apaciguó, las emociones regresaron a su caudal, y mi mente se enfocó a lo bello de mi vida.

Sí, mi vida es bella y  feliz

Yo me digo soy feliz y me siento feliz

Una noche que disfrutaba una película las palabras para responderme a la pregunta ¿eres feliz ? llegaron.

Un personaje le dijo a otra: Para saber si eres feliz debes responder sí a tres preguntas, a las tres, no a alguna.

¿Amas dónde estás?

¿Amas lo que haces?

¿Amas a la persona con quien estás?

Oh, yo respondí, respondo, sí a las tres

Y mi corazón dio un vuelco, mi alma voló y mi mente halló paz

Curiosamente ser una cinéfila me ayudó a tener las palabras para expresar lo que yo no lograba decir y para tener la certidumbre total para gritarme a mí misma: ¡Soy feliz!

Mi mundo no es color de rosa, claro, tampoco un cuento de “y fueron felices para siempre” pero,  gracias a mi familia, a mi esposo, a mis hijos y a muchas personas valiosas que han enriquecido y enriquecen mi vida, he aprendido (pese a mi neurosis) a ser feliz.

Ahora solo espero tener la sabiduría para enseñar a mis hijos a ser, sentirse y saberse felices.

Les comparto un vídeo que alguien me compartió una vez y me alegró el día, la vida:

 

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