Llévame como un sello en el corazón


Ir a una boda nunca me ha gustado, salvo la mía por supuesto.

Este sábado fui a una boda que me gustó. Y no fue la mía, la mía ya tiene muchos años, 15.

Fue la boda de mi sobrina Fátima, ahora mi ahijada.

Creo que me gustó porque la misa fue especial. El sacerdote dio una homilía bella.

Habló de la promesa que nos hacemos, de la esperanza, de los problemas y de lo importante, valioso, en el matrimonio.

Cinco pilares.

Amar, dar sin esperar algo a cambio. O sea dejar en el pasado el individualismo, el egoísmo, el pensar, creer o sentir que ahora que nos casamos yo tengo el derecho a ser feliz. Hay que pensar en hacer feliz al otro, dijo el padre. Confieso que para mí es el más difícil, me cuesta dejar mi individualidad.

Respetar al otro. No olvidar que el otro piensa, siente, necesita, nos recordó.

Diálogo. Que no es lo mismo que platicar, porque uno platica del clima y otras trivialidades, pero eso no es dialogar, aclaró el párroco y me dije “tiene razón”. Los problemas siempre los habrá, por enfermedad, dinero, familia, pero si hay diálogo los superarán, dijo. Palabras sabias de alguien que no ha vivido en carne propia los vaivenes del corazón cuando alguna tempestad azota y amenaza con hundir tu barco y sientes que todo está perdido.

Fidelidad, lealtad. La infidelidad comienza en el pensamiento, baja al corazón y luego cobra vida con los actos, señaló sensatamente. No permitirnos el comenzar a pensar en otro (a).  Adiós a las fantasías!

Dios. El sacerdote sugirió que no suceda que la próxima vez que vengan  a misa sea el bautizo del hijo (a). Y he aquí otro talón de Aquiles mío.

Creo que de todo lo que dijo, lo que más me impactó… porque me recordó mis propios votos… fue la frase “amarse todos los días de su vida”. Tremenda promesa que hacemos cuando estamos enamorados, ilusionados, esperanzados!

Te acepto como esposo y prometo serte fiel
en las alegrías y en las penas,
en la salud y en la enfermedad,
y  amarte y respetarte
todos los días de mi vida

Fue una bella, luminosa tarde del miércoles 19 de junio de 1996 cuando nos prometimos amor eterno y fidelidad.

Comenzamos bien nuestra vida juntos. Es algo de lo mucho que hemos hecho bien.

Te veo y busco a aquel hombre que junto a mí alzó la mirada al altar y te encuentro siempre junto a mí, aunque físicamente no lo estés. Será porque te llevo como un sello en mi corazón

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