Ser mujer


“¡Es una niña!”, es la típica exclamación que define el primer momento en que se es mujer.
Luego, ser mujer se diluye entre el alud de etiquetas sociales que le sigue: hija, nieta, sobrina, tía, estudiante, ama de casa, empleada, profesional, empresaria, amiga, novia, esposa, amante, divorciada, viuda…
Ser mujer nunca ha sido ni es un mundo excluyente de roles, es precisamente lo contrario: la sociedad espera que la mujer desempeñe —viva— al mismo tiempo varios roles.
De todos ellos, los roles que están en la cumbre del prestigio social son, incluso en este nuevo siglo, los de esposa, ama de casa y madre. Ser trabajadora (empleada o autoempleada) es hoy fuente de polémica, incluso entre las propias mujeres.
Multifacética es quizá, entonces, el mejor adjetivo de la mujer.
Aceptarse mujer implica para muchas sentirse abrumadas por cumplir tantas expectativas sociales, claro, si se aceptan éstas también como suyas.
No pocas eligen no ser esposa, madre y ama de casa, o eligen demorarlo unos años. Sin embargo, estas decisiones no hacen desaparecer la abrumación personal, más bien la aumentan porque ellas se convierten en imanes de comentarios cuyo propósito es presionarlas o “reencauzarlas a sus fines sociales”.
Mujer es un rol que, como el del varón, se aprende y también se transforma.
¿Cuál es la nueva o siguiente revolución social de la mujer? ¿Cuál es el siguiente estereotipo a romper al grado que surja una nueva pauta social femenina? ¿Qué le sigue al derecho al voto, al derecho a ser elegida gobernante, al derecho a trabajar fuera de casa?
Hoy vemos mujeres que exhiben su lesbianismo, su elección de establecer una relación amorosa con más de un varón, su negativa a dar a luz al ser que lleva en el vientre, su adicción a alguna droga… Son las caras ya no más ocultas del ser mujer.
¿Son acaso malas hembras, como dicen de la protagonista de sonada telenovela?
También vemos hoy a mujeres que son las empresarias con más dinero en México, las catedráticas que a la vez son investigadoras científicas, las emprendedoras que viajan a comunidades lejos de casa para llevar conocimientos y fuentes de empleos… Son mujeres que destacan o son líderes.
Pero tampoco ellas se salvan de las críticas sociales. Hay quienes cuestionan el costo de esos logros. ¿Qué o a quienes sacrificaron? ¿Qué dejaron a medio camino?
Quizás en el fondo todos aún damos por verdad que ser mujer es tener vetado lo que al varón no: el éxito profesional o laboral  conseguido mediante tu propio esfuerzo y sacrificio, sin que el reflector apunte directamente a tus hijos o esposo (o los hijos que no has parido o esa boda que no has tenido) en vez de a ti.
Según Abraham Maslow, el ser humano, varón o mujer, tiene como mayor necesidad o motivación el reconocimiento, sentirse realizado.
¿Cuántas mujeres hoy nos sentimos realizadas?
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Este artículo lo escribí con motivo del Día de la Mujer. Agradezco a quienes hicieron posible que viera la luz en el Diario de Yucatán el 8 de marzo de 2011.
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