Soledades trágicas


 

Ella y él.

Ella va del estrés porque la apuran, a la molestia porque le presionan a hacer algo que definitivamente no le gusta,  a la premura de satisfacer una necesidad imperiosa, a la indecisión de mostrarse o no, al impulsivo deseo de arreglarselas solas y enfrentarse a lo que venga, pero su concentración en un asunto es distracción en otro, y termina accidentándose para comenzar ahora sí su verdadera tragedia.

El, por su gemela, pasa bochornos en la escuela y no tiene amigos, pero la cuida hasta que un día, en que por primera vez les invitan a una fiesta,  decide dejarla un rato en un arbolado parque y cuando regresa por ella no la encuentra. Se inicia así su doloroso camino que perdurará por años.

Son dos niños que viven su propia tragedia.

Un día sus vidas se cruzan. Se conocen, se descubren, se gustan, comparten intimidades y momentos pero jamás serán uno solo sino dos solos, dos tragedias con sus propias soledades.

Cada quien vive su vida  o intenta hacerlo.

Ella se casa pero su autodestrucción diaria deriva en la rotura del vínculo con su esposo, un médico que por increíble que parezca se aparta de ella pese a que tiene trastornos graves de alimentación… hecho que a mí me parece ilógico porque me pregunto ¿no tiene ética profesional, esa de salvar vidas?

El alcanza el grado de doctor, una plaza de investigador en una universidad y reconocimiento académico pero no olvida a esa persona, la que tiene su misma imagen pero femenina.

Su gemela es la que, casi al final, abre la puerta a la esperanza de una vida compartida para ella y él, pero resulta sólo eso, una esperanza.

Ella y él. Cada uno vive su propia tragedia… solo.

Esta historia cobra vida en La soledad de los números primos, un libro que a mi gusto va de más a más a más y luego a menos.

Por su título es harto comprensible que los protagonistas terminaran solos, lo cual es algo desesperante para mí, aunque ese no es el motivo por el cual me parece que el final es algo flojo.

Para una historia que comienza con tal ímpetu es decepcionante un cierre débil. Quizá porque hasta la soledad agota y se agota.

Me bastó leer las dos primeras páginas para desear este libro. Me bastaron dos noches para leerlo. Días después de terminar su lectura seguía disfrutándolo y en mi mente seguían danzando las interrogantes que su historia plantea; hoy, pasados muchos días ya haberme apropiado de este invento ajeno, escribo su esencia que perdura en mi memoria…

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