Familia en construcción


 

Recuerdo con ironía aquella vez que dije que antes que los hijos está la pareja, que si primero no se atienden las necesidades de los esposos luego entonces como pareja no podriamos atender las necesidades de los hijos.

En ese entonces estaba embarazada de Pedro y, con dos años de matrimonio, vivía la luna de miel, aquella etapa en la que vives para tu pareja que vas descubriendo y conociendo.

Aún no sabía de decepciones. Yo escuchaba a una compañera que me compartía los problemas que tenía con su esposo y hoy descubro que en ese momento entendia lo que me decia pero no lo comprendia al ciento por ciento. Yo no había vivido esa fase, era aprendiz en las artes de la convivencia conyugal.

Hoy, casi diez años después, mi vida ha pasado muchas etapa. La mayoría felices, con muchas bendiciones que agradecer, y algunas dolorosas, unas fáciles de olvidar porque esta en juego la propia sobrevivencia pero otras cuestan trabajo superar.

Cada vez que le digo a mi hijo mayor “No digas: ‘No puedo’. Hazlo” simultáneamente mi conciencia me reprocha que yo no he podido superar el dolor de sentirme herida por quien juré amar hasta mi último aliento.

Hoy siento que mi ideal de tener una familia unida será sólo eso, una idea. Y el tiempo para concretarlo se me agota a cada día… Pedro y Mariana son las luces de mi vida pero están creciendo y elegirán su propio sendero en unos pocos años. Entonces todo estará dicho y hecho y yo no podré rectificar. Por eso ahora deseo que mis errores sean pocos para que ellos a su vez sepan elegir la vida honesta y de trabajo.

Recuerdo cuando estaba por concluir mi tercer año de bahillerato. Tenía 17 años, anochecía y me mecía en una hamaca junto al ventanal en la casa de mi abuela paterna, María. Me pasé un  buen rato pensando, evaluando opciones para decir qué carrera estudiar.

Al final elegí ser maestra creyendo que daria clases de mañana y tendría el resto del dia para mis hijos.  La realidad es que hoy trabajo de tarde-noche de lunes a domingo y descanso un día entre semana, asi que las tardes no las dedico a mis hijos, salvo un dia de cada siete.

Hoy me esfuerzo por cumplir mis propias expectativas sobre mi tarea de madre. Es difícil y no sólo porque trabajo. Es complicado porque se necesita de talento, y ganas por supuesto, para mediar entre los deseos y necesidades de mis dos hijos y compaginarlos con los míos… con el menor daño posible para ellos podría añadir.

Cada día que anoche y mis hijos estan risueños, cansados pero contentos, es el momento en que siento  una enorme gratitud con Dios por permitirme hacerlos felices, a mi esposo porque compartió mis embarazos, y a mi madre que me enseñó a soñar con tener una familia feliz.

En el silencio de la noche, cuando mi mente está por ceder al sueño, suelo platicar con Dios y creo que él me escucha. No sólo le agradezco sus bendiciones sino le pido que me enseñe a amar mejor porque sé me cuesta confiar. Luego pienso en mis abuelos y platico con ellos. Me gusta imaginar que me escuchan y cuidan de la familia desde donde se encuentran.

Esta es mi familia y está en proceso de construcción.

Paseo en lancha

Paseo en lancha

Anuncios